La interdisciplinariedad, como filosofía de trabajo, resulta imprescindible en el proceso de formación del profesorado, si pretendemos la integración de teoría y práctica. Como advierte Gimeno (1982, en Rodríguez, 1995: 213-214) “... esta practicidad de la teoría como principio de todo currículo para la formación de profesores pone en discusión la propia estructuración del contenido psicopedagógico en asignaturas separadas, reclamando una auténtica labor interdepartamental”. En opinión de Fernández Pérez (1994), la interdisciplinariedad supone un hábito de aproximación unitaria a cualquier tipo de conocimiento, y ciertamente se trata de un hábito de trabajo difícil de asumir, no tanto por lo que supone en sí mismo, sino por lo que representa en oposición a los modelos convencionales de la enseñanza universitaria. Según Ruiz, Castaño y Boronat (1999:272) “ello supone abandonar la cómoda rutina de asignaturas endogámicas, la incomunicación de los profesores y la disociación entre la teoría y la práctica...”
Para Cruz Tomé (2000), la falta de cultura cooperativa y de visión global de la enseñanza son los grandes problemas en la formación inicial universitaria. Se trata de un análisis coincidente con el reflejado por Delors (1996) cuando planteaba que las nuevas exigencias de la formación de los maestros deberían centrarse, entre otras circunstancias, en estimular el trabajo cooperativo y en fomentar la capacidad para diseñar y organizar trabajos disciplinares e interdisciplinares.
A partir de estas primeras reflexiones consideramos que el diseño curricular de cada una de las materias que conforma el plan de estudios del maestro especialista en educación física, debe conllevar un análisis previo de las conexiones que mantienen entre sí las materias que lo constituyen, al objeto de favorecer una formación coherente que facilite la integración y globalización de los conocimientos que se van adquiriendo en cada una de ellas. En esta línea coincidimos con López-Barajas (1997: 131), cuando señala que “en el diseño curricular de las disciplinas universitarias debe existir un equilibrio entre espacios de análisis monodisciplinar y momentos de síntesis interdisciplinares, tanto teóricos como prácticos, abstracción con retornos concretos y concreción con búsqueda de fundamentación, análisis con profundidad y aprovechamiento de lo descubierto en el análisis para la elaboración de nuevas síntesis”.
Estamos de acuerdo con la necesidad esencial de establecer relaciones entre las materias, para que el alumnado pueda asumir un conocimiento global de la Educación Física escolar coherente y suficientemente integrado -saber qué es la Educación Física y cómo enseñarla, (Generelo, Guillén y Lapetra, 2002). La integración de la teoría y la práctica podría verse así favorecida y podrían eliminarse en parte los mensajes contradictorios que, a menudo, los alumnos reciben y que se ven manifestados cuando cursan las Prácticas Escolares.
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